Nunca supe su nombre ciertamente, quizá Gato, quizá Michino, lamento, claro, su muerte, pero más por tu dolor que por el suyo, pues bien se ha de envidiar la suerte del felino, eterno en el retrato, creo escuchar, como un murmullo ¡Quién fuera el gato!
Estaba en el infierno dentro de mi sueño. Los pecadores sufrían. Las llamas se aferraban a sus cuerpos, Oía sus gritos desgarradores, Olía su putrefacción. Y aun así no tenía miedo. No sabía por qué Hasta que vi cómo me miraban, con los ojos opacos por el terror. Me temían a mí. Yo era el amo. El puto Diablo.