Ahí está, como siempre, el fin del mundo, esperando con su chulería habitual, amenazante. Lo invitaría a pasar pero él nunca entra, se queda esperando fuera, perro guardián. Mis padres lo llamaban guerra fría, al mío le llamo cambio climático. Mis hijos le pondrán otro nombre pero lo que nunca conseguirán es que traspase el umbral. En las casas, es la vieja Muerte la que entra y se nos lleva uno a uno.
En el universo paralelo Si de este nuevo universo, espejo del que dejé, la que fui se había ido (solo es sombra en Internet) ¿quién soy ahora de cierto? En el poema ya escrito caí como un nuevo verso no coincido rima y ritmo y raramente me ven, triste alma. El tiempo pasó y mis hijos me han de corresponder y allí donde estuve muerta algo nuevo ha de nacer: La calma.
Tremendo
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